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viernes, 27 de noviembre de 2009

una de cal

Así como la vida me dio el padre que me dio, me dio, por el otro lado, para equilibrar la balanza una madre con 12 hermanos... es decir, yo, esta que escribe, tuvo la suerte enorme de tener 12 tíos y una bandada de primos.
Tener todos esos tíos significaba tener muchas casas donde "refugiarse" y donde acopiar buenos momentos.
Tengo, en mi memoria y en mi corazón a mi tía más grande... la mayor de las hermanas de mi mamá... que tenía hijas muuucho más grandes que yo, preparando arroz con leche y yogur, con la leche recién ordeñada para hacerle mimos a mi estómago.
Tengo en mi memoria una larguísima mesa perforada donde se secaban, a la sombra, los damascos, las ciruelas y las peras de la quinta y que, por alguna maravilla del amor no estaba prohibido comerse "al paso".
Tengo en mi memoria una madrugada clara y ella tomándome la mano y señalando el cielo para mostrarme un cometa ¡el más lindo que vi en mi vida!
Tengo en mi memoria el colectivo que me dejaba sobre la calle principal y yo corriendo, hacia el lado del campo (el pueblo tenía dos cuadras de ancho) con un bolsito en la mano y la alegría de ir a quedarme unos cuantos días con ella.

Cuando pienso de dónde saqué reservas... de dónde este amor por la vida, a pesar de todo... en estas pequeñas cosas encuentro la respuesta.

viernes, 13 de noviembre de 2009

gracias papá

a raíz, justamente de esto de intentar entender lo que uno tiene sepultado...
tengo sepultado y no bajo tierra... a un padre que no fue del todo malo... cumplió mínimamente su cometido de no dejar que nos muriéramos de hambre y de que no duermiéramos a la intemperie. Pero eso fue todo.
Se fue, de la casa donde vivía con mi madre y mi hermano menor y de nuestras vidas, hace ya casi 30 años. Nunca lo volvimos a ver ni volvimos a saber de él.
No conoce a ninguno a sus 5 nietos más chicos y a los tres más grandes los vió por última vez hace 30 años, es decir tampoco los conoce.

No compartió mis alegrías ni mis tristezas.

Me dejó, solamente, el alivio de no seguir soportando su mal humor, su tiranía y, muy en el fondo del alma, la tristeza de no haber tenido padre.

Sin embargo tengo algo que agradecerle, porque de él aprendí todo lo que sufren los hijos con las conductas de los padres, él me enseño, con el mejor de los ejemplos ¡todo lo que no hay que hacerle a un hijo!.